Su inexplicable dogmatismo contra la nuclear

 


"Su dogmatismo contra la nuclear contamina más, cuesta más y pone en peligro el suministro". Esto lo escribí en un hilo de X el 2 de enero de este mismo año.

Hoy, algo más de una semana después del gran blackout que paralizó a España durante más de 12 horas y sin una versión oficial de los hechos, todo apunta a que la elección de un mix energético basado en 70% de energías asíncronas (eólica y solar térmica o fotovoltaica) pudo ser el causante.

Para aquel que no entienda de qué va esto, fuera del cisma entre renovables y no renovables, tenemos energías síncronas y asíncronas. Las primeras son aquellas en las que se puede decidir lo que producimos, bien sea en función del gas que quemamos (ciclo combinado), el uranio que fisionamos (nuclear) o el caudal de embalses que desviamos (hidroeléctrica). En contraposición, cuando hablamos de las asíncronas como solar o eólica, cuando están operativas, no podemos regular la radiación que reciben las células fotovoltaicas o la velocidad del viento que mueve el rotor de un aerogenerador. Por tanto, basar nuestro mix energético en este tipo de energías dota a la red de una gran inestabilidad y los 50Hz de frecuencia que se transmiten y que llegan a nuestros enchufes pueden verse minorados en solo un par de décimas, lo que ya afectaría a la distribución por los sistemas. Esta anomalía fue la causante supuestamente, como apuntan desde Redes Energéticas Nacionais, la distribuidora portuguesa. 

Esto ya lo han venido advirtiendo algunos expertos, uno de ellos en sede parlamentaria en marzo dijo que "Red Eléctrica no estaba preparada ni tenia los medios para afrontar la transición así". Pero eso no es lo peor, más grave es que el propio Gobierno desoyó la petición de Red Eléctrica cuando en mayo de 2024 pidió cambiar el protocolo de apagones ante la entrada masiva de las renovables, revisando los criterios de protección eléctrica porque sino según ellos esto supondría un riesgos si se llegarán a producir desconexiones no deseadas y pérdidas de suministro como al final ha acabado pasando.


Entonces llegados a este punto, ¿Son estas renovables un problema de por sí? La respuesta clara es "no", pero obviamente tiene sus matices. De acuerdo a lo que dicen los ingenieros y expertos en la materia, las renovables no es que sean solo necesarias para una transición energética que ya muy pocos reniegan de su necesidad, si no que además suponen grandes ahorros frente a los medios de producción tradicional. Pero hay un matiz muy importante, y es que estas renovables nunca deben trabajar de por sí solas, siempre debe haber detrás uno de esos medios de producción energética síncrono de los que se hablaban antes, como una energía de respaldo. Acordaos de ese término porque lo escucharemos mucho en los próximos meses.

Y aquí es donde se debe elegir: ciclo combinado (gas), nuclear o hidroeléctrica. Obviamos el mercado de capacidad (baterías a gran escala para almacenar energía) porque aunque algunos no lo crean el sol no irradia por la noche y el viento hay veces que no tiene la velocidad suficiente para mover las aspas de los molinos, sin contar lo atrasados que están estos grandes proyectos de almacenamiento y toda la huella de carbono que traen consigo a raíz del gran uso de materias primas críticas y tierras raras, de las que nunca nos hablan cuando nos mencionan la electrificación constante de toda nuestra economía.

Por tanto si no podemos contar con un mercado de almacenamiento serio, al menos de aquí a 10 años, tampoco podemos contar con la hidroeléctrica. Un país como España, en ciclo de sequía, no puede permitirse estar vaciando embalses continuamente porque entonces no quedaría agua para el abastecimiento de la población, por lo cual las conferencias hidrográficas tampoco lo permitirían.


El debate se reduce a dos: reactores nucleares y plantas de ciclo combinado.

El Gobierno ya ha puesto en marcha el plan para cerrar los 7 reactores nucleares (en 5 centrales nucleares) que hay en España entre 2027 y 2035, y en contra de lo que están haciendo todos los países de nuestro entorno. La nueva ministra de Transición Ecológica, Sara Aagesen, dijo hace dos meses en sesión de control al Gobierno en el Congreso que "El calendario de cierre había sido fijado por las propias compañías privadas", cosa que era cierta hasta hace un mes, cuando las propias eléctricas pidieron replantear su cierre. Pero la realidad es que el Gobierno no cuenta por qué querían cerrar. 

Lo único que es verdad aquí es que en 2008 se producían 58.000 GWh de nuestro mix con nuclear, frente a los 52.000 GWh del año pasado, ambos rondando el 20% del total de la generación de ese año. El problema viene cuando hoy en día esta energía paga un 605% más de impuestos.



La mayor parte de estos, aproximadamente el 50%, se la lleva la tasa Enresa, impuesto creado en el 2005 por el Gobierno de Zapatero a semejanza de los derechos de emisión del CO2, para el tratamiento de residuos y con el objetivo de que estos se almacenaran centralizadamente en un almacén radiactivo, como se hace en la mayoría de países con reactores nucleares. La realidad es que 20 años después no hay rastro del almacén para el que las empresas empezaron a pagar la tasa, que ya en el 2024 alcanzó los 10,36 €/MWh. Todo bajo el pretexto del Gobierno de Sánchez de que con ese incremento del 30% pagarían el desmantelamiento que lleva a cabo la propia Enresa.
Pero este impuesto es solo un ejemplo de muchos, se podría hablar del impuesto al valor de la producción, el impuesto a la producción de combustible gastado y residuos y demás tributos duplicados en muchas de las comunidades autónomas donde operan.

Si no fuera por toda esta amalgama de impuestos, la energía nuclear batiría sin problemas a su verdadero rival, el ciclo combinado, ya que la diferencia entre los costes de producción de ambos es del 55% en favor de la nuclear (68,64 frente a 44,37 €/MWh) según datos de la propia Comisión Nacional de la Energía (CNE). Es decir, a diferencia de lo que puedan decir sendos ministros o altos cargos gubernamentales, la realidad es la que la energía nuclear no es solo que sea eficiente económicamente hablando, sino que sería más barata que su competidor si pudiera hacerlo en igualdad de condiciones en cuanto a tributos.


Como se ha mencionado anteriormente los residuos junto con la contaminación son dos de los grandes temas entorno a los que rondan gran parte de los bulos que, por ignorancia o malicia, a menudo se dispersan por la esfera pública sin ninguna evidencia científica, pintando un paisaje futuro casi apocalíptico.
Lo constatable es que la energía nuclear, como la eólica, la solar o la hidroeléctrica, tiene nulas emisiones de gases de efecto invernadero o nocivos para la salud y que el humo blanco que circula por esas grande torres de refrigeración no es más que vapor de agua, como si de una niebla mañanera se tratase. En cambio, el gas en España contamina 21 millones de toneladas de CO2 al año con el porcentaje de generación de ciclo combinado actual. Solo con el cierre de los dos reactores de Almaraz y suponiendo que el resto de la oferta y la demanda se mantuviera constantes se liberarían a la atmósfera 6 mill.de T de CO2 más al año. Aquellos que se declaran ecofriendly y verdes igual deberían dejar a un lado su ceguera ideológica y "abrazar" la ciencia a la que tantas veces claman aunque en esta ocasión contradiga sus dogmas.
Tampoco los residuos generan ningún problema, ya que los generados a lo largo de toda la historia en el país son solo una décima parte de una piscina olímpica, además de que su protección contra su radiación es algo tan sencillo y estudiado ingenierilmente como el hormigón, el acero y el plomo, por no hablar de todos los sistemas de seguridad reglamentados y que protegen el total de la central. 
A su vez, tampoco pueden explotar como una bomba nuclear, como algunos dicen, sencillamente porque el combustible utilizado en las centrales es previamente enriquecido solo entre un 3 y un 5%, frente al 90% de las bombas además del enfriamiento al que es llevado a cabo esos residuos.


Y por último, otro de los temas que a menudo se tratan es el tema de la autonomía estratégica del uranio, señalando que no contamos con él y que esto nos haría más dependientes. Otra vez más, dos mentiras.

Sí tenemos uranio, de hecho las segundas mayores reservas de Europa están centralizadas en Salamanca, en la mina del Retortillo, una excavación que fue explotada en el pasado pero que cerró por falta de viabilidad antes la bajada del precio del uranio. Desde el 2012 Berkeley, una empresa australiana, estaba tratando de recuperarla y tras un largo proceso legal el Gobierno apoyándose, en la nueva Ley de Cambio Climático aprobada en Cortes en 2021 que prohíbe implícitamente la extracción de cualquier tipo de material radiactivo, ha parado el proyecto. Esta mina dotaría, después de enriquecer el uranio, de 20 años de autonomía a nuestras centrales además de la posibilidad de exportarlo.

Pero una vez se hacen comparaciones debemos ver lo que tenemos enfrente. Para el gas tenemos una buena infraestructura que hemos ido tejiendo durante años: gaseoductos con el norte de África y 6 plantas regasificadoras que permiten la importación de gas en barco. Todo esto permitió que España no sufriera, como el este de Europa, los estragos de la invasión rusa de Ucrania de la que nuestro país se ha acabado beneficiando aumentando las compras de gas al país eslavo, pero eso da para otro tema completo.

Al final, lo que esto demuestra es que una mayor generación por ciclo combinado a raíz del cierre de reactores nucleares, aumentará la demanda de un mercado de por sí inestable y geopolíticamente complejo, restando la soberanía y la multilateralidad del uranio-235, que puede ser importado por múltiples vías como Rusia, Canadá, Kazajistán, Níger, etc.


Para concluir recupero la frase del principio: "Su dogmatismo contra la nuclear contamina más, cuesta más y pone en peligro el suministro". Esto lo escribí, como he dicho, el 2 de enero de este mismo año, y no puede ser mejor resumen en un momento de rabiosa actualidad.



Comentarios

Entradas populares de este blog

¿Quo vadis Europa?

Pues sí que se sabía